miércoles, 22 de agosto de 2007

victor jara, salvador allende


Cuando se conmemoran 32 de su vil asesinato por parte de las ordaz fascistas encabezadas por el criminal y ladrón Augusto Pinochet, el pueblo chileno se apresta a rendirle homenajes a unos de sus más emblemáticos cantautores chilenos, y uno de los grandes luchadores para que el pueblo chileno tuviera acceso a las más diversas expresiones del del arte y la cultura, desde su labor como cantor popular y director de teatro. Tarea que cumplía a cabalidad desde sus responsabilidades en la Comisión Nacional de Cultura de las Juventudes Comunistas de Chile. Desde esta nota, entregamos los aspectos más de su trascendental vida, de manera que sirva como ejemplo a todos aquellos que luchan por un mundo mejor. Su vida. Víctor Jara nació el 28 de septiembre de 1932 en un pequeño poblado llamado La Quiriquina, situado a 20 kilómetros de Chillán Viejo. Fue el menor de seis hermanos nacidos en el seno de una familia campesina. Su padre, Manuel, fue inquilino de una hacienda cercana. Su madre, Amanda, fue lavandera y cantante popular. Su infancia transcurrió en un pobre y viejo caserío de dicha localidad. Desde niño, Víctor tuvo alma de músico. Su madre, que cantaba, tocaba el piano y era una creadora innata, le enseñó sus primeros cantos. Tras ser abandonados por el padre, Víctor se trasladó a Santiago con su madre y sus hermanos, y en un cité de la población Los Nogales pasó sus años de adolescente. Tenía sólo 15 años cuando la muerte de su madre lo dejó en el absoluto desamparo. La soledad lo llevó a buscar refugio en la vocación sacerdotal y fue así como ingresó en 1947 al Seminario Redentorista de San Bernardo. Atraído por el canto gregoriano y por la actividad intelectual del Seminario, permaneció allí casi dos años, hasta que descubrió que su vocación no era la religiosa. En 1957, Víctor Jara ingresó a la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, para estudiar actuación. La expresión a través de la palabra y el gesto era una veta que Víctor desarrollaría en forma paralela al canto. Por esos años conoció a Violeta Parra, quien lo incitó a seguir cantando, y no sólo le enseñó varias de sus canciones, sino que además le pidió opinión sobre sus propias creaciones. Víctor repitió después este ejercicio con las generaciones de músicos que aprendieron de su canto. Durante la década que comenzó en 1960, trabajó componiendo y cantando. Además, fue director teatral, investigador del folclore y de los instrumentos indígenas, actor, dramaturgo y libretista. Su desarrollo en el teatro En 1960, Jara recibió el título de director teatral. A partir de 1963 fue miembro estable del directorio del Instituto del Teatro de la Universidad de Chile y profesor de actuación de la Escuela de Teatro de la misma universidad. En 1964 comenzó a dirigir el montaje de importantes obras, como Los Invasores, de Egon Wolf; Parecido a la Felicidad, de Alejandro Sieveking, y Ánimas de Día Claro, del mismo autor, obra con la que recorrió varios países de América Latina. No obstante, la cima de su carrera teatral llegó en 1965, cuando dirigió el montaje de las obras La Remolienda, también de Sieveking, y La Maña, de Ann Jellicoe, que lo llevaron a obtener el premio "Laurel de Oro", como mejor director del año. El reconocimiento internacional no tardó en llegar, y en 1967 fue invitado a Inglaterra por el Consejo Británico, oportunidad en que recibió el premio de "La Crítica" por su dirección de la obra Entretengamos a Mr. Slone. Estando en Inglaterra, compuso la que fuera una de sus canciones más conocidas, Te Recuerdo, Amanda, dedicada a sus padres, Amanda y Manuel. Conoce a Joan, el amor de su vida Por esos años tumultuosos y agitados, Víctor Jara conoció a Joan Turner, su profesora de expresión corporal en la Escuela de Actuación de la Universidad de Chile, y quien se convertiría años después en su esposa. Tuvieron una ija, llamada Amanda. Fue uno de los fundadores de la Nueva Canción Chilena, pese a su importante trayectoria en el teatro, fue sin duda en la composición y el canto donde Víctor Jara obtuvo el más alto de los reconocimientos. Siguiendo la influencia de Violeta Parra, quien lo impresionó profundamente, él explotó la veta del canto folclórico y popular, homenajeando a los hombres de su tierra. Víctor compartió esta nueva expresión del canto popular con grupos como Inti Illimani, Quilapayún, los Parra y otros. Compromiso político Siendo militante de las Juventudes Comunistas, en 1970 Jara participó activamente en la campaña presidencial de Salvador Allende, realizando recitales por todo el país. Las composiciones que creó en esta época, como El Manifiesto y La Plegaria de un Labrador, dieron cuenta del compromiso del artista con los movimientos sociales y las manifestaciones revolucionarios que nacieron en ese período. Tras el triunfo de Salvador Allende en las elecciones presidenciales de 1970, Víctor asumió un rol preponderante en el desarrollo cultural y político del país. Se le otorgó el cargo de embajador cultural del gobierno de la Unidad Popular, que desempeñó desde 1971 hasta su muerte. En calidad de embajador cultural, Víctor Jara llevó su canto a importantes escenarios mundiales. En 1972 realizó una gira musical a la Unión Soviética y Cuba. Ese mismo año fue invitado al Congreso de Música Latinoamericana, organizado por la Casa de las América en La Habana. Tras su regreso a Chile, dirigió el homenaje que se le hizo al poeta Pablo Neruda luego de recibir el Premio Nóbel de Literatura. En 1973 también se desempeñaba como docente en el Departamento de Comunicaciones de la Universidad Técnica del Estado. Su muerte El día 11 de septiembre de 1973, durante el golpe militar, Víctor Jara fue detenido junto a un grupo de profesores y alumnos que se encontraban en la Universidad Técnica del Estado. Luego de su aprehensión, fue trasladado al Estadio Chile, torturado y posteriormente asesinado. En 1990 la Comisión Verdad y Reconciliación determinó que Víctor Jara fue acribillado el 16 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile. Sus restos descansan en el Cementerio General.