jueves, 18 de octubre de 2007

Femicidio?????(hastas,cuando)


Femicidio: la violencia tiene nombre
El tema parece estar de moda, pero no así la palabra que identifica el asesinato de mujeres en Chile, en Latinoamerica y en el mundo. No sólo en Guatemala o México, la violencia hacia la mujer también coexiste en nuestro país. Conoce esta dura realidad para mujeres y lesbianas.


El término "femicidio" no existe en el Código Penal de nuestro país, de hecho recién el 2001 fue tipificado por la ONU, entidad que definió este delito como “El asesinato de mujeres como resultado extremo de la violencia de género que ocurre tanto en el ámbito privado como en el espacio público”. Comprende aquellas muertes de mujeres a manos de sus parejas, ex parejas o familiares, asesinadas por acosadores, agresores sexuales y/o violadores, así como aquellas que trataron de evitar la muerte de otra mujer y quedaron atrapadas en la acción del femicida”.
La violencia de género se debe, según la penalista egresada de la Universidad Católica de Valparaíso, Camila Maturana, a la asimetría del poder y a la connotación social que históricamente ha tenido la mujer, tanto en la esfera pública como privada. Para esta abogada, el sistema sociocultural imperante en Chile es posibilitador de violencia hacia ellas.
Según la penalista, esta desigualdad parte de la socialización diferenciada que se les da a niños y niñas. Los primeros son formados para cumplir un rol de proveedor, más activo y libre. En el caso de las niñas, se estimula el “instinto” maternal y el estereotipo de mujer abnegada. Destaca también la valoración de la sexualidad, “es la mujer la que queda embarazada, por ende, la que debe limitarse”. Y enfatiza el punto refiriéndose a la jerarquización de las relaciones laborales, cuyo ejemplo más gráfico es que las mujeres ganan un 30 por ciento menos que los varones en el mismo cargo.
La violencia de género durante mucho tiempo gozó de parcial o completa impunidad, ya que según el antiguo C ódigo Penal chileno y de muchos otros países (incluso todavía en Brasil), estimaba que con la certeza y presunción de infidelidad de la mujer bastaba para exculpar o atenuar en gran medida la culpabilidad del asesino.
Además, como afirma Maturana, se veía el problema como una disfuncionalidad aislada, que afectaba a algunas familias y no como un tema de relevancia pública. En la actualidad, los movimientos feministas han visibilizado esta problemática a nivel mundial y Chile, no es la excepción.
El estudio realizado por la Corporación La Morada, llamado “Femicidio en Chile”, causó revuelo en su época. Afirmó que 84 mujeres mueren al año sólo por ser mujeres. Principalmente se trata de personas que provienen de estratos socio económicos bajos, dueñas de casa o con trabajos precarios, al igual que los agresores, quienes en muchos casos son cercanos a sus víctimas. Otro punto que destacaba dicho estudio es que no existen cifras al respecto.
¿Qué ocurre en regiones?
Ni en el Servicio Nacional de la Mujer, ni en PRODEMU, ni en los Tribunales de Justicia existen estadísticas asociadas al tema. De hecho, en la primera entidad mencionada, sólo dicen conocer tres casos entre los años 2004-2005. sin embargo, basta con revisar las ediciones del diario “Crónica” de dicho periodo y se encuentra un total de 10 femicidios.
Más grave aún, la sicóloga de la repartición gubernamental, Paula Espinoza, se declara incompetente en la materia. En tanto, la justificación de tribunales, en palabras de la funcionaria de la Secretaría de la Corte de Apelaciones de Concepción, Jimena Salvo, es que “en primer lugar es un término demasiado nuevo que no ha sido internalizado del todo en nuestro país y en segundo lugar, aún no se ha incluido en el Código Penal”.
A lo dicho por la funcionaria, hay que agregar que los expedientes no están a disposición del público. Para conocer esta realidad es necesario presentar un escrito por medio de un abogado, lo que para Gonzalo Calderón, licenciado en leyes “es una forma arcaica de ver la justicia” a su juicio es trascendental publicitar el femicidio. Además del detalle de que dicho trámite dura 15 días, hay que considerar que los fallos no se archivan por género u otra clasificación.
Debido a lo anterior, la prensa resulta la única fuente para cuantificar el femicidio en la zona. Los datos encontrados en los artículos de prensa concuerdan con el estudio “Femicidio en Chile” ya que el 100 por ciento de los casos, los victimarios vivían en sectores populares y se desempeñaban en oficios de baja remuneración, como carpinteros, auxiliares de colegio u obreros de la construcción.
Los celos son la principal causa de femicidio en la región. Sumados los maridos con las ex parejas, superan a los asesinos que eran desconocidos para las víctimas.
Para el siquiatra español Emilio Mira, los celos son una compleja y perseverante frustración que se debe a la falta o nula correspondencia del amor. Un celoso pasa por dos etapas, según el especialista. La primera es la duda y la segunda y más peligrosa es la convicción, la cual es una mezcla de deseo de venganza y odio, éste último, la pasión criminógena por excelencia.
Lo anterior se comprueba al analizar las motivaciones de los asesinos, la mitad de ellos reconoció que los celos gatillaron su decisión de matar. Si se cruza esta variable con el método que emplearon los homicidas, la explicación de Mira se vuelve más coherente aún, ya que todos ellos apuñalaron a las mujeres que consideraban de "su propiedad".
Según la definición anteriormente expuesta, los celos son una frustración, por ende, una emoción. Siguiendo al facultativo español, las emociones son “un sentimiento exagerado, que paraliza todo control sobre la conducta y provoca actitudes impulsivas”. Con lo cual el uso de puñaladas en los crímenes, se justifica.
Durante el año en curso, no se registran casos de femicidio en el diario “Crónica”, al término de este reportaje, el SERNAM sigue creyendo que sólo han sucedido tres casos desde el 2004 hasta ahora y en tribunales, no tienen contemplado modificar la forma de archivar los fallos.
Violencia en la relaciones intimas de lesbianas
Por Fabiana Tron (Desalambrando.com, Argentina)
Las relaciones de violencia entre mujeres, que definimos más específicamente como de maltrato en relaciones íntimas entre lesbianas, son una realidad mucho más frecuente y sus consecuencias, mucho más terribles de lo que suponemos. Sin embargo, es una realidad invisibilizada, y lo que es peor aún, en muchos casos absolutamente negada. Lo que suele suceder más a menudo es que tendemos a subestimar este tipo de relaciones y cuando somos las víctimas de maltrato o nos animamos a comunicar nuestra situación, generalmente escuchamos “No es para tanto” o “¿No estarás exagerando?”. Estas respuestas solo contribuyen a acentuar la situación de soledad y aislamiento que viven las víctimas de maltrato.
Mito 1: “Las mujeres no somos violentas” o “Una mujer no puede causar daño físico significativo” o “Solo las lesbianas masculinas son violentas”.
El sistema de creencias patriarcal sostiene un modelo de familia vertical, con un vértice constituido por el Jefe del Hogar, que siempre es el padre, y estratos inferiores donde son ubicados la mujer y l@s hij@s. Dentro de esta estratificación, el subsistema filial también reconoce cierto grado de diferenciación basada en el género, ya que los hijos varones son más valorados y, en consecuencia, obtienen mayor poder que las hijas mujeres. Este sistema de creencias va conformando a la vez de roles familiares, así como los derechos y responsabilidades de l@s integrantes de la familia. También pautean los estereotipos acerca de lo que es o debe ser un hombre y lo que es o debe ser una mujer. Una de las características fundamentales del estereotipo de masculinidad es el que asocia a la misma con la fuerza, desde niños los varones son socializados para resolver problemas mediante actitudes muy competitivas o por la fuerza lo que los lleva a la conclusión desde muy temprana edad de que el uso de la fuerza es aceptable para resolver conflictos. Por el contrario, se concibe a las mujeres como más débiles y por lo tanto, se las asocia con conceptos como dulzura, sumisión y obediencia.
Cuando estos estereotipos de género son naturalizados tenemos la idea muy generalizada de que las mujeres no son violentas. Si además partimos del supuesto de que las mujeres son tradicionalmente subordinadas, obedientes y agredidas por la sociedad lo que surge casi como conclusión lógica es que en una relación de pareja entre mujeres no puede haber violencia porque otra vez se parte del supuesto de que las relaciones que establecemos son igualitarias y comprensivas por naturaleza.
Mito 2 “El maltrato entre lesbianas, cuando existe, es diferente al heterosexual porque se trata de maltrato mutuo”.
La idea de que la violencia o maltrato entre lesbianas por lo general es una pelea en la cual ambas partes están implicadas es falsa y pone en grave peligro a las lesbianas maltratadas. No negamos la posibilidad de que existan relaciones de lesbianas en las cuales se produzcan peleas o relaciones en las que ambas se ataquen mutuamente, pero esto nada tiene que ver la lo que denominamos maltrato. Cuando hablamos de maltrato estamos hablando de relaciones donde existe un “patrón de conductas violentas y coercitivas por las cuales una lesbiana busca controlar los pensamientos, las creencias o las conductas de su compañera o castigarla por resistirse al control que quiere ejercer sobre ella". (Esta definición esta tomada de Bárbara Hart). Las resistencias a asumir que se está viviendo una situación de maltrato son fuertes y las posibilidades de que una lesbiana maltratada sea tomada en serio por aquellas/os a quienes acude son pocas; por eso, muchas veces la víctima prefiere creer que lo que le pasa es una “mera pelea doméstica”. Las lesbianas maltratadas que reconocen que están en esa situación se refieren a la violencia que se produce en sus relaciones como formas de aterrorizarlas y someterlas y no como una pelea hogareña.
Muchas sobrevivientes de abuso recalcan que no recibieron mucho apoyo de otras, dado que cuando mencionaron el hecho de estar siendo abusadas, la mujer que se suponía debía brindarle apoyo, le respondía que no había forma de saber quién decía la verdad. Este es un punto que una mujer heterosexual rara vez o nunca debe enfrentar, que se ponga en duda su palabra cuando es víctima.
Compartimos con las mujeres heterosexuales la violencia que el sistema ejerce sobre nosotras, a la que se suma la carga extra de violencia que recibimos como lesbianas. Creo que es imprescindible examinar y resignificar las identidades de género y las concepciones y estereotipos sociales sobre esas identidades. Estoy convencida de que la única manera de terminar realmente con la violencia de cualquier tipo que sea es desmantelar las ideologías sociales que aceptan la violencia como forma válida de resolver los conflictos de cualquier índole. En este sentido, lograr una sociedad sin violencia es una tarea de tod@s.