martes, 28 de agosto de 2007

SEÑAS DEL CHE


Todo campo es el nuestropor ejemplo está ésteverde dispuesto verdelos surcos y los surcoslas nubes con sus gordas pantorrillas de lluviaestá tambien el otrocampo de pronto abismorecién nacidos muertossin haberse atrevido a estrenar sus pavoresestá el amor de siempreel corazón del tactola noche de la piellos poros y los porosy la gloria y el besoestá la llamarada la hoguera de la pielel cuerpo brasa infameel hombre que no sabepor qué lo incendia el hombreverde dispuesto verdecampo de pronto abismo los surcos y los surcoslas nubes con sus gordaspantorrillas de lluviarecién nacidos muertos sin haberse atrevido a estrenar sus pavoresestá el amor de siempreestá la llamaradael corazón del tactola hoguera de la piella noche de la pielel cuerpo brasa infamelos poros y los porosy el hombre que no sabey la gloria y el besopor qué lo incendia el hombredesde un sitio cualquieramontañao selvao sótanohay alguien que hace señasagitando su vidatodo campoes el nuestro
Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la naríz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente se habia suicidado.
Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.
Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el proposito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable».
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.

A imagen y semejanza


Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras. Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el terrón. Retrocedió, después se detuvo. Tomando sus patas traseras como casi punto fijo de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de un reloj. Sólo entonces se acercó de nuevo. Las patas delanteras se estiraron, en un primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron. Sin embargo, el rápido movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga. Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo sostuvo sobre su cabeza. Por un instante pareció vacilar, luego reinició el viaje, con un andar bastante más lento que el que traía. Sus compañeras ya estaban lejos, fuera del papel, cerca del zócalo. La hormiga se detuvo, exactamente en el punto en que la superficie por la que marchaba, cambiaba de color. Las seis patas hollaron una N mayúscula y oscura. Después de una momentánea detención, terminó por atravesarla. Ahora la superficie era otra vez clara. De pronto el terrón resbaló sobre el papel, partiéndose en dos. La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó una detenida inspección de ambas porciones, y eligió la mayor. Cargó con ella, y avanzó. En la ruta, hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada. La bordeó lentamente, y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se había vuelto nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga tenía lugar sobre una A. Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera soplado. Hormiga y carga rodaron. Ahora el terrón se desarmó por completo. La hormiga cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo. Luego pareció tranquilizarse. Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes había formado parte del medio terrón, pero no lo cargó. Cuando reinició su marcha no había perdido la ruta. Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en la zona clara, otro obstáculo la detuvo. Era un trocito de algo, un palito acaso tres veces más grande que ella misma. Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se quedó inmóvil durante unos segundos. Luego empezó la tarea de carga. Dos veces se resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de mástil inclinado. Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de la hormiga era casi triunfal. Sin embargo, no había avanzado dos centímetros por la superficie clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja y la hormiga rodó, más o menos replegada sobre sí misma. Sólo pudo reincorporarse cuando llegó a la madera del piso. A cinco centímetros estaba el palito. La hormiga avanzó hasta él, esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple paso. Así y todo, llegó hasta su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras, de nuevo corrió el aire y el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá, semicaído en una de las rendijas que separaban los tablones del piso. Uno de los extremos, sin embargo, emergía hacia arriba. Para la hormiga, semejante posición representó en cierto modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de intentar la operación desde un ángulo más favorable. Al cabo de medio minuto, la faena estaba cumplida. La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición más cercana a la estricta horizontalidad. La hormiga reinició la marcha, sin desviarse jamás de su ruta hacia el zócalo. Las otras hormigas, con sus respectivos víveres, habían desaparecido por algún invisible agujero. Sobre la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que sobre el papel. Un nudo, bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más de un minuto. El palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo de la hormiga aseguró su estabilidad. Dos centímetros más y un golpe resonó. Un golpe aparentemente dado sobre el piso. Al igual que las otras, esa tabla vibró y la hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió su carga. El palito quedó atravesado en el tablón contiguo. El trabajo siguiente fue cruzar la hendidura, que en ese punto era bastante profunda. La hormiga se acercó al borde, hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó en aquel abismo de centímetro y medio. Le llevó varios segundos rehacerse, escalar el lado opuesto de la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón. Ahí estaba el palito. La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento que un intermitente temblor en las patas delanteras. Después llevó a cabo su quinta operación de carga. El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con respecto al cuerpo de la hormiga. Esta hizo un movimiento brusco y entonces la carga quedó mejor acomodada. A medio metro estaba el zócalo. La hormiga avanzó en la antigua dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la veta. Ahora el paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de derrumbe. A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada. Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente aplastó carga y hormiga.

lunes, 27 de agosto de 2007

Dios y las madres

Dios estaba muy ocupado en crear a las madres, llevaba ya seis días trabajando horas extraordinarias, cuando un ángel se le presentó y dijo: Te afanas demasiado Señor.
Entonces Dios le contestó: Acaso no has leído las especificaciones que debe llenar esta criatura: Tiene que ser lavable de pies a cabeza, pero sin ser de plástico; llevar 180 piezas movibles, todas reemplazables, funcionar a base de café negro y de las sobras de la comida, poseer un regazo que desaparezca cuando se ponga de pie, un beso capaz de cubrir todo, desde una pierna rota, hasta un amor frustrado, y seis pares de manos...
Y el ángel confundido observó: ¿Seis pares de manos? ¡Eso es imposible! no son las manos el problema (agregó el señor), sino los tres pares de ojos.
¿Y eso es para el modelo normal? (inquirió el ángel) El Creador asintió: Uno para ver a través de la puerta siempre que pregunte: "¡Niños! ¿qué andan haciendo allá adentro?" aunque ya lo sepa muy bien, otro detrás de la cabeza para ver lo que más le valiera ignorar, pero que precisa saber, y desde luego, los de adelante, para mirar a un niño en apuros y decirle, sin pronunciar siquiera palabra: "Ya te entiendo hijo, y te quiero mucho".
El ángel le tiró de la manga y advirtió mansamente: Vale más que te vayas a la cama Señor, mañana será otro día.
-No puedo. Y además me falta poco.
Ya hice una que se cura por si sola cuando enferma, que es capaz de alimentar a una familia de seis personas con sólo medio kilo de carne molida, y de persuadir a un chiquillo de nueve años para que se esté quieto bajo la ducha.
Lentamente el ángel dio la vuelta en torno a uno de los modelos maternales.
Me parece demasiado delicada (comentó con un suspiro).
-¡Pero es muy resistente! (aseguró Dios emocionado) no tienes idea de lo que es capaz de hacer y sobrellevar.
¿Podrá pensar?
-¡Claro! y también transigir. Por último el ángel se inclinó y pasó un dedo por la mejilla de la modelo... ¡Tiene una fuga! -No es una fuga, es una lágrima.
-¿Y para qué sirve?
-Para expresar gozo, aflicción, desengaño, pesadumbre, soledad y orgullo.
¡Eres un genio Señor! Y Dios con perfil de tristeza observó: Yo no se la puse...

Solo recuerdos



Tengo varios recuerdos vagos de mi infancia,veo a la niña tímida, pero feliz, despreocupada por lo que giraba alrededor.
Viviendo en su mundo día a día, sin pensaren el pasado, ni en el presente, sin pensar en mucho menosen el futuro incierto que le esperaba.
Ese futuro que en alguna ocasión anheló a que llegaraa pasos agigantados, pensaba que al cumplir la mayoríade edad sus problemas se resolverían, no obstante sin imaginar que lo compondría solo sueños no alcanzados, sueños no iluminados por densa oscuridad.
Aun la veo con el anhelo de convertirse en una gran mujer,una buena hija, gran amiga, buena esposa,lo cierto es que ahora nada de eso se ha realizado, su vida ha quedado truncada por un sueño el cual pensó que una vez lográndolo el mundo entero se pondría a sus pies.
Ahora esa niña convertida en un cuerpo mas, ve tristemente como su vida va pasando,como llega a ella gente que ha dejado huella,otros tanto que son solo un recuerdo amargo en el presente.
Sigue viendo en sus sueños a una persona que estuvo con ella por mas de cuatro años a su lado,cuatro años en los cual nunca se dio cuenta que tenía al ser amado...cuatro años de cuestionamientos y pensamientos grandemente perdidos en el olvido.
Recuerda aun cuando lo conoció,desde el momento en que lo vio a los ojos supo que dejaría huella en ella, supo que ni todas las aguas del Atlántico apagarían esa chispaque había hecho crecer en su corazón y que mas tarde se convertiríaen fuego, gracias a sus caricias, miradas, tratos y besos.
Ella sabe bien que nunca podrá tenerlo junto a ella por el resto de su vida, sabe bien que primero caerán las estrellas del cielo sin quedar una sola que ilumine el Firmamento, sabe que tendrá que ocurrir algo semejante antes de volver a sentir sus brazos deslizándose por su piel,antes de sentir sus labios junto a los suyos, simplemente sabe bien que eso nunca ocurrirá...
Es por eso que solo recurre a sus recuerdos que un día los vio a todo color.
Solo se refugia en sus pensamientos y sus ideales.
Sigue flotando en la burbuja de jabón que ella misma se ha creado como protección, burbuja de jabón que a veces se vuelve de hierro y a veces de hielo por temor a ser destruida, pero lo que si nunca olvidará es que sigue siendo tan solo una burbuja de jabón y como todo mundo sabe, algún día explotará....

Papi ¿tienes tiempo para mi?


Papi ¿Cuanto ganas? Dijo el pequeño con voz timida fijando sus expresivos ojos en su agotado padre que llegaba del trabajo.
"No me molestes, hijo¿ No ves que vengo muy cansado?"Pero, papi. Dime por favor ¿Cuanto ganas?" Insistió.
"Doscientos pesos al día". Respondió el hombre irritado con tal de quitárselo de encima.
El niño se asió de su saco y le dijo: "Papi, ¿Me prestas cien pesos?
El padre montó en colera y tratando con brusquedad al niño, le dijo:
"Asi que para eso querías saber cuanto gano. Vete a dormir y no me estes molestando, muchacho aprovechado".Ya había caido la noche cuando el padre se puso a meditar sobre lo ocurrido.
El incidente lo hizo sentirse culpable. Tal vez su hijo queria comprar algo...
Había estado muy ocupado en el trabajo últimamente y no estaba al tanto de los acontecimientos del hogar.
Queriendo descargar su conciencia dolida, se asomó a la habitación del pequeño.
"Hijo ¿Estás dormido?"
El niño abrió los ojos a medias. "Aqui tienes el dinero que me pediste. ¿Para que lo querías?"
Tallandose los ojos, su hijo metió la manita debajo de su almohada y sacó varios billetes arrugados.
Es que quería completar. ¿Me vendes un día de tu tiempo?

La amistad nunca muere




¿Te acuerdas como comenzamos nuestra amistad?... yo no me acuerdo si fue hace mucho, poco o nada. Pero poco eso importa. Lo que importa es que nuestra amistad existe.
Todo siempre se conserva en el tiempo.
Cuando reímos de aquel chiste tonto que contamos, cuando lloraste sobre mi hombro y lo mojaste con las lágrimas de la decepción de un amor, o cuando lloraste ya no sobre mi hombro sino riendo y gritando por la alegría de vivir.
Cuando anduvimos horas y horas aplanando calles sin ningún sentido, cuando nos sentamos para ver el atardecer sintiendo la brisa sobre nosotras mientras conversábamos sobre algún tema banal; todo esta cada vez más vivo, cuando acaricio el inventario de nuestros recuerdos.
Contigo estuve cuando me caí, y tú me recogiste. Contigo estuve cuando te caíste, y también te recogí.
Viniste hacia mí con el corazón roto, contándome lo que te hizo "él", y yo con mi botiquín de primeros auxilios y un poquito de cariño, traté de pegarte los pedacitos que estaban botados.
Y claro, tú caíste de nuevo, siendo que te había advertido que las heridas no estaban bien cerradas. Pero bueno, para algo estamos las amigas: para entender todo.
Yo muchas veces fui la que necesitó de tu ayuda. Y tú también me curaste. Con tan solo escucharme, ya me curaste. Yo también fui porfiada, como una niña chica. Y me retaste, y con razón.
Recuerdo que muchas veces vimos películas juntas. Reímos a carcajadas limpias y gritamos con horror. También recuerdo que al final yo siempre era la que terminaba llevando el pop corn, claro: si en tu casa no había microondas...
Es gracioso pensar en cuando estábamos tomando helado y yo, como una chiquilla, lo derramaba y tú me retabas de nuevo, y ambas reíamos cada vez más.
O cuando era invierno y hacía un frío glacial, entonces íbamos a tomarnos un café y claro, yo jamás te dije que tenía insomnio y que el café no me ayudaba, y cuando nos veíamos al día siguiente y estaba con una ojeras gigantes, te reías de nuevo y yo te miraba furibunda por fuera, pero muerta de la risa por dentro.
Contigo salíamos a bailar para al día siguiente acordarnos que habíamos llegado nada más y formarnos una imagen a base de nuestros difusos recuerdos de lo que pasó. Y reíamos de nuevo.
Tengo que pedirte perdón por las veces que te grité por ser tan tozuda y tener mi punto de vista... ¡Pero al final siempre me daba cuenta cuando algo estaba mal!
Tú me enseñaste alguna vez que la vida es para vivir, reír, soñar y aprender.
Tú también me dijiste alguna vez: "Cuando mueras, haz que todos en tu alrededor lloren" y yo te miré con una cara estrafalaria, a lo que tu reíste y me dijiste: "Cuando tu naciste, todos reían por la felicidad, y cuando mueras, todos deben llorar de pena".
Y en otras ocasiones arrullaste mi adolorida alma por los golpes que da la vida, diciéndome que todo pasa por mejor y que de lo malo debía aprender.
Pero en ese entonces no te escuché, porque el sentimiento de dolor y rabia era más imperante que el de consuelo...
Tú me corregiste cuando estaba mal en algo. Y de nuevo tozudamente te decía que estaba bien, para llegar a poner la cabeza en mi almohada y darme cuenta de que sí estaba mal...
Te vituperé muchas veces en son de broma, y tú hiciste lo mismo conmigo.
Fumamos unos cigarros mirando como se escondía el Sol, riendo por nada y sintiendo el pasto fresco.
Pero ahora te escucho y te entiendo. Ahora recuerdo los buenos momentos que pasamos juntos y el calor se agolpa a mi corazón, reconfortándolo en estos momentos en los cuales esta triste.
Siempre reíamos. Siempre reímos...
Y cada vez que este triste y me siento solo, recurriré a mis recuerdos.
Pero hoy ya todo son recuerdos. Y esto es tan solo una carta. Pero por favor, si yo muero o tú mueres, acuérdate de esto: la amistad jamás muere.
Gracias por todo...